lunes, 19 de abril de 2010

EL IZQUIERDISMO ILUSTRADO


Por Juan José Hernández Arregui

Especializada en la hibridación de ideas ajenas, la intelectualidad académica de sesgo filo progresista rara vez ha coincidido con los intereses de las mayorías populares en América Latina. Aún cuando adopta la semántica de los pensadores “excéntricos” a su formación (oriundos del nacionalismo popular o el socialismo criollo), la izquierda del mandarinato ideológico reitera, en su práctica, la preferencia por el cliché de las ideas originales generadas en otro tiempo o en otro paisaje, distintos al suyo.

Estos fragmentos textuales de Hernández Arregui –extraídos de La formación de la conciencia nacional, obra escrita en 1959— permiten verificar la veteranía del progresismo académico en sus configuraciones fundamentales.



Lo auténtico de la cultura no es la Universidad sino la vida, creadora perpetua de formas culturales. La anemia de los intelectuales es el resultado de esta incultura radical, de esta fijación en un período histórico de la cultura argentina y no en la cultura total como producto vital, extendido en el tiempo de la comunidad. Si el intelectual, como sujeto de cultura, no se subsume en el pueblo, si no abreva en sus fuentes limosas, es pura antropolatría.

(...) Contradiciéndose a sí misma en su función antinacional y su progresismo universal, la izquierda intelectual exhibe en su desencarnada verdad, la esencia misma de la inteligencia colonizada. En lugar de dominar las ideas, como parásitos del orden social, están dominados por el sistema que los oprime al mismo tiempo que los alimenta.

Más que intelectuales, por tal razón, son jeroglíficos. En sus escritos —si son literatos, ensayistas— se percibe el plúmbeo jadeo de la nulidad pedante, el no poder expresar lo que se desea, el velo gramatical que recubre la duplicidad de una posición social sierva de los poderes que regulan y sofocan el pensamiento impersonal de la pequeña burguesía como clase.

Algo les dice que hay una tecla desafinada en la melodía de su justificación subjetiva. Y ni siquiera deben encerrarse en esa subjetividad. La subjetividad pura sólo es posible en el individuo de la clase alta, donde el carácter parasitario de sus miembros los compele, a fin de no verse precisamente como parásitos, a erigirse en solitarios elegidos.

Disposición, que responde al efectivo aislamiento de la actividad productiva de parte del intelectual pudiente: “...la ficción misma de la interioridad —escribe Claude Lanszmann— se explica por la situación objetiva del privilegiado que no experimenta la realidad del mundo por la necesidad ni por el trabajo, y que tiene necesidad de creerse, secretamente, distinto a todos”.

Pensamiento que es una variante de éste de Marx: “La riqueza acepta únicamente la realización de las facultades humanas, en tanto que la realización de su nada, de sus caprichos, de sus ideas abstractas o exóticas”.

Tal la situación genérica de la intelectualidad de izquierda. Anclan en abstracciones en lugar de sumergirse en los hechos. Ésta es la superioridad del proletariado —a pesar de su incultura— sobre las otras clases en general, y sobre los intelectuales en particular, pues en tanto clase, defiende intereses que no admiten conciliación teórica, sino la efectiva subversión de la praxis.

El intelectual de izquierda, ligado a la burguesía, se revuelve contra ella pero no contra sí mismo como clase. En cambio el obrero, se revela como clase contra sí mismo. Por eso es revolucionario.

De ahí la conciencia desdichada del intelectual, sus cuentos famélicos, su protesta indecisa entre la acción y la idea siempre resuelta a favor de la idea. De su cobardía. Dentro de la lucha de clases son la contradicción reseca.

(...) Un grosero anticlericalismo ha sido parte de esta mentalidad “progresista”. (...) Un no menos necio antimilitarismo les ha servido de cantinela. El odio al Ejército de parte de la izquierda extranjerizante es otra faz de la oposición a los movimientos nacionales de liberación que no pueden consumarse sin su apoyo.

El internacionalismo intelectual de la izquierda es el peor enemigo de la revolución nacional en un país dependiente y en consecuencia del proletariado.

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